FOTOS: Mariano González
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Pisuerga despide a su equipo entre aplausos por el esfuerzo y reproches por el resultado desilusionador

87 - 76 El UEMC no consigue más que 11 de los 27 puntos que necesitaba para superar el play off

2 de Mayo de 2026

En el siglo pasado, a estas alturas de las ligas, los titulares de las crónicas deportivas recurrían al termino partido de transistores lo que significaba que los aficionados, al tiempo que presenciaban el partido, escuchaban las crónicas de los partidos que podían influenciar el la clasificación final de su equipo: en Pisuerga, sustituidos transistores por móviles la grada estaba  (desilusionada  de las posibilidades de su equipo)  más pendientes de sus móviles que del marcador, pero para quedar con los amigos, que el sábado a pesar de las oportunidades perdidas  de ascenso sigue siendo día de cañas y cenas

Poco preocupado debía estar Javier Vilaplana, entrenador del Lliria al pisar el parquet de Pisuerga. Los porcentajes de tiros de 3 del partido de ida 29.4% daban poco miedo, aunque solo podían ir a mejor para los locales. Pro si ‘Ice’ Haney, el máximo artillero de los universitarios entre los dos partidos ha conseguido meter un triple de siete intentos…

Los análisis hay que hacerles en frio, pero la plantilla actual, por muy voluntariosa que se haya mostrado a lo largo de la temporada, a pesar de las bajas, no era platilla para pensar en el ascenso. Y no es que por Pisuerga hayamos visto grandes equipos, el mismo Llíria, a pesar de que se haya impuesto en el play off, no deja de ser un equipo bastante del montón. Pero es lo que da la categoría , la estructura de la liga y los presupuestos de los clubes.

El UEMC consiguió a victoria más amarga del curso. El UEMC Baloncesto Valladolid se impuso al CEB Llíria (87-76) con un triunfo insuficiente y lejano a los 27 tantos que debía levantar de la ida y dice adiós a la temporada en la primera ronda de los playoffs de ascenso a Primera FEB. El cuadro de David Barrio no firmó un buen partido y pecó, como en las últimas semanas, de falta de brillo y acierto que imposibilitaron cualquier atisbo de remontada. Aún así los morados llegaron al descanso con 10 puntos conquistados (46-36), pero los edetanos mejoraron tras el paso por vestuarios, jugaron con la ansiedad local y administraron a la perfección su ventaja para superar de manera justa la eliminatoria. El Pucela se llevó el triunfo tras un esfuerzo final y cerró la campaña al menos ganando su partido.

Con un gran ambiente en las gradas y ante cerca de 4500 personas, lo cierto es que el UEMC Baloncesto Valladolid, pese a llegar en un mal momento al tramo decisivo de la temporada, no bajó los brazos en ningún momento. Pero fue un quiero y no puedo prácticamente desde que se lanzó la bola al aire, una vez concluido el minuto de silencio en memoria de Oscar Schmidt y Moncho Monsalve.

De inicio y hasta el final, el UEMC Baloncesto Valladolid estuvo muy errático, demasiado (30/68 en tiros de campo y 22/36 en libres). Los locales encontraron buenas situaciones de tiro, corrieron con verticalidad, pero no anotaron con facilidad. Pablo Marín y Pablo Martín llevaron la voz cantante de inicio, especialmente el base subiendo la marcha del equipo. El ímpetu inicial no se materializó con rentas puesto que, en frente, CEB Llíria, sí tuvo el acierto que le faltó a los locales. La igualdad se mantuvo hasta el ecuador del cuarto (8-8), aunque las ardillas se llevaron el premio del bonus para el resto del cuarto.

Un triple de Pablo Martín abrió el primer hueco para los castellanos (12-8), aunque los edetanos también respondieron desde la larga distancia, su principal arma, para sujetar a un UEMC que quiso correr desde el principio. En ese tramo entró la segunda unidad morada y volvió a pegar otro estirón, pero el desacierto siguió presente. Voluntarioso y encontrando buenas situaciones, a los de David Barrio les faltó chispa y lucidez para definir, y solo se llevaron un +1 de la primera entrega (24-23). Quedaban 26 tantos y 30 minutos.

Los castellanos aprovecharon el entretiempo para templarse y reanudaron la marcha con más tino, poniendo tierra de por medio con un triple de Ice y un mate de Arqués (29-23). Con 31-26 entró en juego de lleno el ‘factor Pisuerga’, engalanado con un fantástico ambiente y gritando contra los árbitros después de una falta inexistente con técnica incluida contra David Barrio. La decisión encendió al público y paró el ritmo lo justo para que CEB Llíria recuperase el paso. Los valencianos, contemporizando a la perfección la ventaja de la ida, no jugaron tan rápido como acostumbran y manejaron muy bien sus posesiones.

Para frenar el ímpetu local, más un quiero y no puedo, Javi Vilaplana pidió el primer tiempo muerto de la contienda y dio otro respiro a los suyos (31-28), atascados durante varios minutos. Los amarillos volvieron con dos triples, todo lo contrario que un UEMC Baloncesto Valladolid que erró varios tiros liberados consecutivos. Sin acierto la hazaña era imposible, y desde luego lo primero no acompañó a los pucelanos. El enésimo parón, esta vez por un problema técnico entre la mesa y los marcadores, llegó con 37-31 y se prolongó durante cerca de 7 minutos. En realidad el tanteo era de 37-34 y un triple del visitante Meana no computado, el motivo. Una vez plasmado, los de David Barrio volvieron a intentar coger ritmo sin éxito, pero sí con puntos. Sacando rédito del bonus foráneo y sumando canastas en unos minutos clave, los morados, a trancas y barrancas, se pusieron +10 al término de la primera parte (46-36). Quedaban 17 tantos y 20 minutos.

La losa de la ida, demasiado peso

Hasta el momento la mejor noticia para los locales era precisamente esa, la ventaja que atesoraban a pesar de la falta de acierto y brillo. Pero la realidad era que el primer paso hacia la remontada estaba dado, aunque todavía faltaban unos cuantos. No se dieron los siguientes. En frente, un CEB Llíria muy cargado de faltas y que estaba renunciando a su estilo rápido para proteger su renta, contemporizando y yéndose a posesiones demasiado largas para lo que acostumbran. Una apuesta sólida que resultó a la perfección.

Tras el paso por vestuarios el UEMC Baloncesto Valladolid siguió sin encontrar ni el ritmo ni la puntería que requería la gesta. Alonso Meana, igual que en el partido de ida, emergió en la segunda parte para liderar un tramo de color amarillo que hizo daño a los pucelanos. CEB Llíria bajó de los 10 de diferencia, se puso a 6 y le había comido al crono tres minutos (52-46) que valían cada vez más. Desde entonces la remontada fue imposible.

El UEMC Baloncesto Valladolid siguió sin carburar y se quedó sin ventaja ni tiempo para más. Otro triple de Meana puso el 54-52 que, a falta de 15 minutos por disputarse, pesó como una losa para el Pucela. Esa canasta dejaba a las ardillas con 25 que levantar en apenas cuarto y medio, hazaña que no estuvieron cerca de lograr. Los de Javi Vilaplana, encontrando el acierto que no tuvieron los locales y haciendo lo que mejor saben, meter desde el perímetro, siguieron sumando desde el 6,75 y castigaron al cuadro morado, cada vez más ansioso. En ese tramo los valencianos incluso dieron la vuelta al marcador y se pusieron por delante (60-64), sentenciando definitivamente la eliminatoria.

Al término del tercer cuarto (20-30 fue el tanteo) el marcador era de 66-66 y el UEMC Baloncesto Valladolid ya no tenía tiempo material de levantar semejante desventaja. El partido de ida pesó demasiado en las piernas y las cabezas de las ardillas, nada brillantes en la recta final de la temporada, y sucumbieron ante la lógica del tiempo. Si bien los de David Barrio no bajaron los brazos, el desquicio se apoderó de los morados e imposibilitó cualquier milagro. Para más inri, Iñaki Ordíñez pagó caro su esfuerzo innegociable durante todo el curso y se rompió al inicio del último cuarto, retirándose a la enfermería ovacionado por el público.

Más allá de eso, el cuarto periodo no tuvo historia más allá de la pelea local por anotarse el triunfo y hacer menos amargo el trago de la eliminación. Los de David Barrio, pese lo complejo de la situación, echaron el resto y sacaron fuerzas de flaqueza para despedir la temporada con orgullo, amor propio y una victoria. Insuficiente, pero victoria al fin y al caso. El UEMC Baloncesto Valladolid ganó por 87-76 al CEB Llíria y dijo adiós al curso 2025/2026 entre aplausos por el esfuerzo y algún reproche por el resultado.

 

  • Ficha técnica:

87 – UEMC Baloncesto Valladolid: Pablo Marín (5), Isaac ‘Ice’ Haney (14), Pablo Martín (18), Iñaki Ordóñez (10), Fares Ochi (9) -quinteto inicial-. También jugaron: Sam Taiwo (3), Jacob Hanna (6), Juan García-Abril (2), Pau Isern (12), Pablo Hernández (-), Edu Arqués (8) y José Montilla (-).

76 – CEB Llíria: Alonso Meana (19), Hannibal Salomon (14), Diego Rivas (3), Alejandro Rivas (11), Michael Enabulele (0) -quinteto inicial-. También jugaron: Kennedy Clement (6), Jaime Palamós (0), Víctor Pérez (6), Douglas Kandulu (5), Pablo Bono (1), Ezequiel Herrera (4) y Salva Gallego (7).

Parciales: 24-23, 22-13, 20-30 y 21-10 (87-76 final).

Árbitros: Berbeira Oria y Sánchez Núñez.

Incidencias: Partido correspondiente al encuentro de vuelta de la primera ronda de los playoffs de ascenso de Segunda FEB, disputado en el Polideportivo Pisuerga de Valladolid el sábado 2 de mayo de 2026 ante cerca de 4500 personas.