Collage de los cuatro deportistas vallisoletanos. Fotos: Mariano González
Collage de los cuatro deportistas vallisoletanos. Fotos: Mariano González
Collage de los cuatro deportistas vallisoletanos. Fotos: Mariano González
Nacho Martín durante un choque. Foto: Mariano González
Fernando Hernández lanzando a portería. Foto: Mariano González
Mayte Martínez durante una carrera popular. Foto: Mariano González
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Eusebio, Mayte, Fernando y Nacho: la elegancia del adiós de cuatro leyendas del deporte vallisoletano que desafiaron al tiempo

El último baile de eternos con sello pucelano

1 de Noviembre de 2026
Escrito por
Javier

Este fin de semana hemos vivido ‘The Last Dance’ de uno de los grandes deportistas españoles de todos los tiempos: el maratoniano Martín Fiz. A sus 63 años ha puesto punto final a su trayectoria en el asfalto –y en el cross en sus inicios-, en un escenario emblemático: la maratón de Nueva York, el telón de fondo perfecto para que una leyenda entregue el testigo a la siguiente generación. Leyenda como lo han sido varios vallisoletanos que también transitaron por ese último baile.

Hay despedidas que se susurran y otras que se cantan a viva voz. En el deporte de élite, donde los calendarios no devuelven los años y el cuerpo impone sus límites antes de lo deseado, llegar al final de la carrera marcando los tiempos es un privilegio reservado para muy pocos. Cuatro deportistas vallisoletanos, formados en el frío y la pasión de las tierras pucelanas, convirtieron su retirada en algo más que un adiós: firmaron un ‘Last Dance’ para el recuerdo en disciplinas tan diversas como el fútbol, el atletismo, el balonmano y el baloncesto.

Eusebio Sacristán, Mayte Martínez, Fernando Hernández y Nacho Martín no solo prolongaron sus trayectorias hasta edades o exigencias donde la biología suele dictar sentencia; lo hicieron compitiendo en la élite, siendo referentes éticos en el vestuario y regalando a los aficionados un capítulo final digno de guion cinematográfico.

El cierre del círculo donde todo empezó

            Para entender la aristocracia del fútbol vallisoletano hay que mirar los ojos y las botas de Eusebio Sacristán. Forjado en el viejo Zorrilla, el centrocampista de La Seca recorrió la élite europea hasta convertirse en pieza cardinal del legendario Dream Team de Johan Cruyff, con el que levantó la Copa de Europa en Wembley en 1992.

 

Su último baile tuvo la poesía romántica que solo los elegidos merecen: tras triunfar en Barcelona, Atlético de Madrid y Celta de Vigo, Eusebio decidió que su carrera debía cerrarse donde comenzó. En el año 2002, enfundado de nuevo en la blanquivioleta del Real Valladolid, colgó las botas tras acumular más de 500 partidos en Primera División. Su despedida sobre el césped supuso el broche de oro a una carrera impecable, marcada por la elegancia táctica, la sobriedad y un respeto absoluto al balón que más tarde trasladaría a los banquillos.

La zancada inalcanzable y la retirada serena

            Hablar de Mayte Martínez es evocar la edad de oro del mediofondo español. La vallisoletana convirtió los 800 metros en un arte de resistencia, inteligencia táctica y una recta final prodigiosa que la llevó a colgarse el bronce en los Campeonatos del Mundo de Osaka 2007 y a reinar en Europa.

Su despedida no estuvo exenta de la épica del sufrimiento. Tras años batallando contra las lesiones que castigaron su físico, Mayte anunció su retirada definitiva de la alta competición con la misma elegancia con la que corría.

Lejos de arrastrarse por las pistas, y tras intentar un último milagro olímpico que su cuerpo ya no le permitía, optó por dar un paso al lado con serenidad: “Para no poder ser ni mi media sombra, prefiero retirarme”, declaró en su día. Dejó tras de sí un legado imborrable y una escuela de atletismo en su ciudad natal para asegurar que su zancada eterna siga viva en las nuevas generaciones.

El vuelo infinito del extremo

Con 45 años cumplidos y más de dos décadas en la máxima categoría del balonmano español, Fernando Hernández seguía suspendido en el aire desde el extremo derecho con la misma elegancia con la que conquistó el bronce olímpico en Atlanta 1996 o se proclamó Campeón del Mundo en Túnez 2005.

Formado en la inagotable cantera pucelana, el extremo no se mantuvo en activo por nostalgia, sino por pura competitividad. En sus últimas campañas en el Atlético Valladolid o el BM Zamora, corría el contraataque y marcaba goles decisivos ante rivales que apenas habían nacido cuando él ya debutaba en ASOBAL. Su adiós definitivo fue la constatación de que la pasión, cuidada con disciplina de titán, puede ganarle temporalmente el pulso al DNI.

El broche de plata que detuvo el reloj

Si las retiradas de Eusebio, Mayte y Fernando fueron lecciones de constancia y romanticismo, el final de la carrera de Nacho Martín pareció diseñado por un director de cine. Tras una brillante trayectoria de casi dos décadas en la Liga ACB, el ala-pívot aceptó el reto de reinventarse en el frenético baloncesto 3x3.

A sus 43 años, y cuando la mayoría transita hacia el retiro, Nacho se enfundó la camiseta de la selección española para volar hasta los Juegos Olímpicos de París 2024. Su último partido sobre una pista fue, nada menos, que la gran final olímpica, colgándose al cuello una histórica medalla de plata. El epílogo soñado para un deportista total.

Cuatro leyendas del deporte vallisoletano que no tuvieron en su día el gran foco mediático puesto en su despedida, en ese último baile, aunque cada vez que alguien se cruza con ellos, resuena, tras una sonrisa de admiración, un “yo le vi jugar (o le vi correr)”.