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El Seleccionador Nacional Femenino de Baloncesto participó en la entrega número 24 de los desayunos de la APDV

Miguel Martínez Méndez «Estamos perdiendo el norte con la igualdad y corremos el riesgo de crear un gueto»

28 de Octubre de 2026

 

  •   «El baloncesto masculino y femenino son diferentes y no hay que compararlos»
  •   «El Mundial nos ha dado la oportunidad de dar visibilidad a nuestro producto »
  •   «Hay que dar pasos con naturalidad porque me he encontrado a mucho impostor»

La Asociación de la Prensa Deportiva de Valladolid (APDV) arranca Los Desayunos del curso 26-27, que cumplen veinticuatro entregas ya, con la presencia de uno de los nombres que han agrandado este verano el palmarés de logros del deporte español: Miguel Martínez Méndez (Vigo, 1967), seleccionador femenino de baloncesto, equipo que ha conquistado la medalla de bronce en el Mundial de Alemania, después de perder en la semifinal contra Estados Unidos y ganar a la anfitriona en el partido por el tercer y cuarto puesto; galardón que le valió ser elegido el mejor entrenador del torneo.

Este bronce no es la única medalla en la tarjeta de Miguel Méndez, sin el Martínez, como es más conocido en el mundo de la canasta; con el gallego al frente, España fue plata en el Europeo de 2023, dos años después de hacerse cargo del combinado nacional, al que estará ligado hasta los Juegos Olímpicos de Los Angeles de 2028. Comenzó su carrera en 2001 en casa, el Celta de Vigo, con quien conquistó Liga y Copa de la Reina; siguió en el Rivas madrileño y después emigró a Italia, a Rusia, con tres Euroligas con el Ekaterimburgo, y a Turquía, donde sumó la cuarta con el Fenerbahce.

Los salones de la Real Sociedad Hípica, escenario una vez más de Los Desayunos, recibieron a autoridades públicas como José Alberto Díez Pico, consejero de Cultura, Turismo y Deporte de Castilla y León; Javier González, diputado de Deportes; Mayte Martínez, concejala de Deportes de Valladolid; y Luis Pujades, de la Junta de Castilla y León; así como personalidades ligadas al baloncesto, como Óscar Castañeda, presidente de la Federación de Castilla y León, y los entrenadores Paco García y Gustavo Aranzana, además de muchas jugadores de los equipos locales del basket. Antes de comenzar Los Desayunos, se guardó un minuto de silencio como respeto a las víctimas del accidente ferroviario que se produjo horas antes en Toledo. El periodista Juan Carlos Amón, de la cadena Cope, fue el encargado de moderar la charla con Miguel Martínez, y Guillermo Velasco, presidente de la APDV, abrió el acto con una presentación del pasado, presente y futuro del baloncesto de Castilla y León.

Visibilidad

Martínez Méndez valora ese bronce para multiplicar la imagen del deportivo femenino en España. «El Mundial nos dio la oportunidad de dar visibilidad a nuestro producto, por eso estoy muy agradecido de estar aquí; las mujeres venimos desde muy atrás, llevamos un retraso con las opciones económicas y de inversión que tiene el masculino, es algo que hay que ganarse poco a poco».

El seleccionador nacional comenzó su carrera desde la base en Vigo. «Mi historia es similar a la de todos, empecé en el colegio Maristas, allí no había porterías de fútbol y sí canastas de baloncesto; el que mejor lo hacía, enseñaba a los chicos que llegaban por detrás, a los más jóvenes, entrenaba con chavales mientras jugaba. El primer clic para ser profesional me lo dio Vicente Rodríguez Cholas, que durante una charla me preguntó si quería ser entrenador profesional y le dije que sí»

«Mi idea seguir entrenando en el baloncesto masculino, pero ese año no tenía ofertas, y me llegó la del Celta femenino. Cuando acabé esa etapa me surgió la opción del Rivas, que jugaba competición europea, y esa era la decisión más difícil y más dura de tomar, la de salir de casa porque dejaba a la familia atrás, mi mujer no me podía acompañar y eso fue muy duro».

Guerra

Miguel Méndez le cogió el gusto a hacer maletas y sellar pasaportes. De España pasó a Italia, después a Rusia y, más tarde, a Turquía. «Me llegó la oferta de entrenar al campeón italiano y en Schio encontré un entorno muy familiar, en un pueblo pequeño, fue una decisión de vida y fui muy feliz los cuatro años allí». El salto al este fue otra cosa, un mundo nuevo. «Ekaterimburgo es una gran ciudad, con ciento y pico mil universitarios; allí están a dieciocho bajo cero, para hacerse una idea, llegué a la ciudad a las dos de la mañana y la botella de agua que llevaba estaba congelada. Fue un paréntesis en mi carrera, un regalo, no sé si el Barça o el Madrid de fútbol tienen el nivel de aquel Ekaterimburgo, teníamos un avión privado y de fichar al Messi o al Cristiano Ronaldo que quisiéramos; había que mantener los pies en el suelo porque estábamos fuera de la realidad».

Un sueño que estalló en pedazos de la peor manera posible: una guerra. «La entrada de Rusia en Ucrania lo frustró; ahora todavía hay muertos allí, pero entonces parecía que estábamos a punto de que estallara la tercera Guerra Mundial; teníamos jugadoras de Estados Unidos y recibíamos presiones de la embajada para salir de allí, y no fue fácil, marchamos hacia el este, a Dubái para subir a un avión hasta Alemania; habíamos dado toda el dinero ruso a los conductores, y teníamos que contar las monedillas para tomar un café en el aeropuerto porque ya no se podía pagar con tarjeta».

Retos

Dejó la dirección de clubes para pasar a trabajar con la Federación. «Estaba en una charla con entrenadores y llamaron a la puerta de mi habitación los aficionados del Fenerbahce, jugué tres partidos de una final a cinco y renové por un año más». Con todos consiguió títulos, aunque no le da tanta importancia a las copas y medallas. «Tengo recuerdos muy claros de todos los sitios, y no solo de los títulos, también de partidos, como la primera final con el Celta, pero también cuando nos salvamos en la última jornada, pasamos por muchas derrotas y frustraciones, por muchas más que por victorias».

El reto con España era grande, y es que la selección femenina es una coleccionista de medallas que ahora atesora una plata en los Juegos Olímpicos (en Río 16); una plata y tres bronces en Mundiales; y cuatro oros, tres platas y cinco bronces en Europeos. Diecisiete entorchados en categoría absoluta, aparte de los conseguidos en las de formación.

«La selección llevaba muchos años en una época dorada, conseguían medallas y no tenían el impacto que hemos tenido nosotras; había doce corresponsales en el Mundial y mostraban el día a día, el cómo entrenábamos, ha tenido un retorno muy grande y eso es importante para vender la realidad de las jugadoras profesionales». El camino ya está abierto. «Ojalá que sea difícil llegar a la selección, para las jugadoras y también para mí a la hora de hacer la elección. Las categorías de formación nos están dando muchas alegrías, y eso es un trabajo de conjunto, de gente que entrena con las niñas, de las federaciones regionales, de los espónsor, a ver cómo salimos de este nuevo escenario al que hay que ir adaptándose».

Escenario

«Los mejores jugadores americanos nunca llegaron a Europa, los Michael Jordan o Magic Johnson, y en el femenino sí; desde que han empezado a subir allí los salarios no solo van a dejar de venir, es que las mejores jugadoras europeas se irán a Estados Unidos, y me preocupa que nos coincida su competición con el de la selección».

Miguel Méndez sabe que no hay que perder las referencias. «Si hay un deporte colegial ese es el baloncesto, a mí me gustaría que siga en los colegios; cuando desaparece la persona que abría las puertas del colegio, se escapa el baloncesto de los centros. Es una parte muy importante porque de ahí salen los jugadores, pero también los directivos y los entrenadores; los profesionales somos los que salimos en las fotos, pero hay mucha gente atrás».

Juan Carlos Amón abrió varios melones para que los catara Miguel Méndez, sin renunciar a ninguno de ellos. «Es un campo de batalla el que las chicas dejen de practicar deporte a los quince o dieciséis años, hay que saber por qué el femenino no tiene las facilidades». Ahí cogió carrerilla. «Estamos perdiendo el norte con la falsa igualdad, el tabú es que haya mujeres entrenando a hombres, o a árbitras entrenando a hombres; es volver cincuenta años atrás, como si nos volvieran a separar a los niñas y a las niñas en las aulas de los colegios; nadie entiende que una doctora solo atienda a mujeres. Estoy a favor de que cada vez haya más mujeres, para mí lo moderno sería que una buena entrenadora de baloncesto dirija a un equipo masculino, tenemos el riesgo de caer en un gueto femenino».

«El baloncesto masculino y el femenino son dos deportes diferentes en ejecución, el problema es compararlos, hay que hacer las comparaciones entre iguales, no entre diferentes; es importante que las chicas tengan referentes como Laia Yalau y no Gasol o Navarro. La mejor jugadora de tenis no puede competir contra el mejor masculino, es algo tan obvio que no merece la pena hablar de ello».
La palabra que mejor define a Miguel Méndez es la sencillez. «El consejo es seguir los pasos adecuados con naturalidad, me he encontrado con mucho impostor, personas que se muestran diferentes cuando entrenan; he tomado el camino más largo, en todas las categorías, desde benjamines, en masculino y femenino. Siempre me he dedicado a la formación, a enseñar a los más pequeños, de no ser entrenador profesional hubiera sido profesor o algo así. He cumplido el sueño deportivo de entrenar en cuatro países distintos, de ganar títulos en países diferentes; cuando acabe con la selección quizá vuelva a los clubes. El baloncesto es mi trabajo, pero hay cosas más importantes en la vida, como la familia».