Angel, delante del hotel de concentración del Real Valladolid en Escocia
Angel, delante del hotel de concentración del Real Valladolid en Escocia
Angel, delante del hotel de concentración del Real Valladolid en Escocia
Uno de los muchos atascos que sufrieron por carreteras inglesas
Oscar, en el Ferry que les llevaba de Francia a suelo británico
Los dos aventureros, en plena ruta por carreteras francesas
Fútbol  |  Real Valladolid

Destino Escocia: "Hasta el infinito y más allá"

Han pasado los días, han recuperado la espalda de un asiento que parecía un potro de tortura pero todavía se ríen recordando las anécdotas que vivieron en un viaje que comenzó el pasado 31 de julio a las once y media de la mañana. "Pusimos en el gps dirección al más allá" comenta Angel, pero Oscar le corrige. "Hasta el infinito y más allá", afirma para luego añadir que "yo me pongo etapas. Me digo de aqui a la frontera, luego de allí a Burdeos y así se hace el viaje más llevadero. Porque si pienso que tengo por delante 2.240 kilómetros, me bajo y no voy".


No es un viaje de placer, es de trabajo, aunque los dos lo hacen por amor al arte y sobre todo por amor al club. Por eso debe ser un desplazamiento rápido, con las paradas justas y con el objetivo claro de llevar el material a la concentración escocesa antes de que aterricen los jugadores en ese hotel. "Lo peor es que nunca llega París" reconoce Oscar, quien ya ha hecho esta aventura en cinco ocasiones. "Austria, Holanda en dos ocasiones, Birmingan y Escocia. Siempre que termino digo, el año que viene no vuelvo, pero cuando llega el momento la verdad que tengo ganas", se sincera.


En el caso de Angel era su primera experiencia de este tipo, por lo que su cara se iluminaba más al recordar" la cantidad de cosas que se pueden ver". Así, "las rectas interminables" de Oscar eran "paisajes increibles" para su compañero.
En lo que los dos coincidían sin duda era en "lo incómodo que era el asiento del copiloto". Entre risas, los dos recuerdan que era un angulo recto de 90 grados que te dejaba las espalda rota. "Para descansar lo mejor era ir conduciendo", bromean. De hecho, Angel recuerda que "una de las veces Oscar llevaba casi seis horas al volante y yo le pregunté ¿vas bien?, sí, me contestó. ¿Pero vas bien de verdad?, ¿no quieres cambiar?. No te preocupes, dijo. Y ya le tuve que decir, !déjame conducir a mi que tengo la espalda destrozada!".


La lengua de Shakespeare


Dos aventureros que reconocen además ser un poco desastre. No saben francés y tampoco dominan el inglés. "Yo me hacía entender con mi dialecto indio o contestaba `Mi english is very bad´", asegura Oscar. Y encima iban a una tierra donde "hablan con una patata en la boca", bromean. Eso, unido a que se les olvidó hacerse con libras para la zona británica, hizo que el viaje ganara en emoción a medida que avanzaban los kilómetros. "Cuando llegamos al Ferry la chica que nos hizo el `cheking´ hablaba y yo sólo le entendía Mister Rodríguez, y yo contestaba ok, ok. Al final no sé cómo pero conseguimos que nos dejara pasar", explica Oscar. Pero no todas las conversaciones salieron bien, ya que por ejemplo en un peaje le pedimos el ticket "y nos dieron un papel con las tarifas de la autopista", recuerdan entre risas.


Y el trayecto en barco de dos horas era la antesala de una nueva peripecia. "Vienes de Francia y cuando llegas a las islas !van por la izquierda. Tu estás aconstumbrado a mirar el espero retrovisor de tu lado y de repente por el otro te empiezan a pasar coches a toda velocidad. Eso sin contar las veces que giramos en una misma rotonda porque el gps se volvía loco", explican antes de recordar que otro conflicto estaba en las señales. "Vimos una que ponía 50, nosotros nos pusimos a esa velocidad y veíamos que todo el mundo nos pasaba. De repente le digo a Angel, !joder pero si son millas, no kilómetros!".


Emoción en la carretera y emoción en las zonas de descanso. Así en una se toparon con un argentino empeñado en viajar con ellos, "al que volvimos a ver en la siguiente gasolinera", recuerdan. En otra area se toparon con borracho que se les cayó delante después de golpear a Oscar. "No sé si estaba de coña, quería robarme o buscaba bronca", explica. Y la traca final de esas paradas llegó en el hotel de concentración del Valladolid. "Después de 25 horas de viaje y la espalda destrozada nos dicen en recepción que sólo nos pueden dar una habitación y con cama de matrimonio. Yo le miré a Angel y le dije "voy a marcar una línea imaginaria y si no la pasas, no habrá problemas", recuerda Oscar entre carcajadas.


Dos aventureros que ahora son intímos amigos y que juntos recuerdan mil historias que pocos se atreverían a vivir. De hecho, Angel recuerda que cuando le propuso la idea a su mujer ésta le contestó "¿pero tu has visto donde esta eso?".