Yo le hice fotos cuando jugaba la Copa Colegial
Hace tiempo se decía que detrás de un gran hombre había siempre una gran mujer. Creo que la frase pasó a ser políticamente incorrecta y en esas incorrecciones mejor no meterse que uno siempre sale escaldado, pero lo que si es un axioma dentro del mundo del deporte, es que detrás de un gran deportista hay siempre un gran padre, unos grandes padres.
Todos proclamamos nuestro vallisoletanismo enorgulleciéndonos de que Sergio Larrea esté a punto de entrar en la “mejor liga del mundo” (si él así lo decide), pero es el momento de reconocer el mérito de su padre. Como jugador de baloncesto que fue, algo le enseñaría, de la misma manera, que algo le enseñaría su madre, también excelente jugadora, pero el mérito no está en lo que pudiera enseñarle, ni el las largas horas de fin de semana que llenó su coche de niños de San Agustín, como hicimos en su momento tantos padres de tantos niños, lo meritorio, lo difícil, es saber que tu hijo puede ser un figura, que puede pisar el cielo de los elegidos y que no se te vaya de las manos, que consigas que sobre todo sea una persona normal, capaz de asimilar los triunfos y las derrotas sin intentar proyectar las propias limitaciones en la carrera de tu vástago, comportándote siempre con discreción, sin alardes y con los pies en el suelo. Y la dificultas se duplican cuando a tu hijo, gran figura ya en el Olimpo, le sigue otro con grandísimas posibilidades de seguir los pasos del hermano mayor, al que tienes que conseguir que no se le suben las tonterías a la cabeza, que asimile que el deporte es una actividad más en la que sobre todo hay que aprender a ser compañero y a disfrutar en la práctica de los partidos y en el sufrimiento de los entrenamientos.
De los fichajes se encargan los agentes , de hacer personas se encargan las familias.
A mí, personalmente siempre me quedará el orgullo de decir que hice fotos de Larry cuando jugaba en San Agus




