LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Julián Rodríguez Santiago | Columnista, ex arbitro internacional de fútbol
17 de Diciembre de 2010

La presunción de inocencia es un principio básico que consagra nuestra Constitución y que impregna todo el ordenamiento jurídico español y que abarca a todos los sectores de nuestra vida. Este principio se resume, de una forma coloquial, en que “todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, y supone un principio fundamental de convivencia que diferencia a las sociedades civilizadas y modernas (entre las que se supone nos encontramos) de aquellas ancladas en el pasado en el que prima (o primaba) justamente lo contrario: lo que hay que probar no es la culpabilidad sino la inocencia (recordemos la época de la Inquisición).


Si hay un tema que ha acaparado más páginas de periódicos y más horas de radio y televisión, éste no es otro que la noticia que conocíamos hace unos días de la implicación de la atleta palentina Marta Domínguez en un asunto relacionado con el tráfico de sustancias dopantes. Más que la huelga de los controladores, más que el drama de casi 5 millones de parados en España y más que los resultados de las elecciones de Cataluña, parece que durante unos días el mundo se haya detenido y que sólo existe Marta.


A falta de que la justicia esclarezca más detalles de la operación realizada, hemos asistido en los últimos días a un linchamiento público y a un injustificado despliegue mediático contra la que, hasta hace unos días, era una de las deportistas más queridas y valoradas de todo el territorio nacional, y que, de la noche a la mañana, sin que haya existido ninguna sentencia condenatoria, ya hayamos retirado su póster de nuestro rincón destinado a los héroes del deporte, con lo cual hemos vulnerado, sin saberlo, ese principio básico de la presunción de inocencia.


Sin entrar a valorar más detalles de la operación  denominada “Galgo” (asunto que solamente compete a las fuerzas de seguridad y a la justicia), creo que todo lo que se ha montado alrededor de Marta ha sido desproporcionado e injustificado.


Dicen que la ignorancia es atrevida, y en ningún caso mejor que éste para utilizar tal expresión. Desde el momento en que la prensa rosa de este país ocupa los primeros puestos de los rankings de audiencia, noticias como las de Marta generan un extraño morbo en la gente que hace que los rumores y las noticias vengan en cascada. Desde el momento en que una analfabeta integral como Belén Esteban se autoproclama la `Princesa del Pueblo´ y se permite el lujo de crear estado de opinión, nadie se debe alarmar de la costumbre que se ha instalado en nuestro país (de la que se han visto  incluso contagiados medios de comunicación serios) de especular con las noticias, y de  hacer juicios de valor y procedimientos paralelos que hacen más daño a los implicados que las propias responsabilidades penales a las que se ve sometida. No es la primera vez que se lincha públicamente a una persona en el juicio paralelo montado, y que luego sale absuelto sin cargos cuando todo el daño ya está hecho.


Hasta ahora decíamos que todo el mundo se atrevía a opinar de fútbol o de toros sin el menor pudor. Ahora se ha sumado un tema del que todo el mundo se atreve a dar su versión: los asuntos judiciales. De esta forma vemos tanto a personas de la calle como a periodistas (o pseudo-periodistas en algunos casos) opinando sin el más mínimo sonrojo de asuntos del mundo judicial, emitiendo opiniones y juicios de valor, utilizando términos  del argot judicial tan variopintos y diferentes entre sí, como detenido, acusado, imputado, procesado, condenado o reo, como si fueran sinónimos unos de otros, pero que realmente no saben ni lo que significan.


Marta entiendo que, hasta el momento, no es ni imputada, pero aunque lo fuera tras prestar declaración ante el juez, ello no la convierte ni en culpable ni en condenada ni siquiera en acusada. Será un procedimiento penal el que determine el grado de implicación de la misma.


A mí personalmente  me molestan varias cosas:


Me molesta que los políticos, que hasta hace poco perdían el trasero para salir en la foto con Marta después de un éxito deportivo, ahora la den la espalda y huyan de la misma como si de un apestado se tratara. El mismo Secretario de Estado para el Deporte que hasta hace poco se tiraba en plancha por salir en una foto con Marta con una sonrisa falsa de vendedor de enciclopedias, ni siquiera se ha dignado en llamar o intentar llamar por teléfono a Marta para conocer por lo menos como está de salud. Me gustaría recordarle que hasta que en una sentencia judicial se diga lo contrario, Marta sigue siendo la campeona y la deportista íntegra por la que hasta hace poco sacaba pecho.


Me molesta que entre sus propios compañeros del atletismo se ha instaurado una prisa por desmarcarse del tema y salir a la palestra para decir que ellos no tienen nada que ver con Marta, y que condenan el dopaje en el deporte, lo cual en mi opinión ayuda a generar un clima de desconfianza mayor que el que ya hay. No sé quien les aconsejaría firmar el manifiesto que han sacado, pero nada ni nadie va contra ellos. Se presume su integridad como deportistas hasta que se demuestre lo contrario. Entiendo tal manifiesto innecesario y de cara a la galería. “Excusatio non petita…”.


Me molesta el despliegue mediático montado enfrente de la vivienda palentina de Marta. Todo el mundo tiene derecho a su intimidad y a su privacidad. Nada ni nadie puede alterar tal estado de las cosas. Ni siquiera el derecho a la información está por encima de la inviolabilidad de la esfera privada de las personas. Conocemos más la fachada de la casa de Marta Domínguez que la de la Moncloa y eso que esta última la pagamos entre todos. No hay derecho a que una persona ni sus allegados no puedan salir de su casa sin ser abordado por decenas de periodistas y de curiosos.


En definitiva, esperemos que todo el mundo reflexione e impere la cordura. A Marta se la ha relacionado con un tema turbio, extradeportivo, pero aún se desconoce el grado de responsabilidad que tiene en el mismo, y esto compete única y exclusivamente a la justicia. Creo que Marta como todo ciudadano merece su máximo respeto. El derecho a la presunción de inocencia la respalda. Ella, que es y ha sido uno de los grandes iconos de nuestro deporte, merece otro trato diferente del que le estamos dando entre todos.


Desde aquí Marta, humildemente mi admiración por todo lo que has hecho, mi respeto, y dejemos en manos de la justicia lo que corresponde a la justicia.