ABSTINENCIA

Natalia Ayala | Periodista
2 de Julio de 2010

Síndrome de Estocolmo, enganche, mono, unas ganas locas… Por primera vez en 21 días
no vemos un partido de fútbol. 56 encuentros desde que llegamos a Johannesburgo  y
hoy nos falta algo. Bueno, más bien nos falta todo. La pelota no rueda y parecemos
huérfanos.
 
Dos días sin fútbol en un Mundial podrían parecerse a un oasis para un sediento o a
unos tapones para los oídos para quienes soportan las vuvuzelas noventa minutos más
el tiempo añadido. Pues no; todo lo contrario. Nos falta el ingrediente principal,
la salsa, el picante y la guinda del pastel.
 
La programación va adelante, las rotativas no paran, pero el Jabulani y las
estrellas se dan un descanso antes de octavos. Aquí, en el IBC, no hay respiro.
Miramos a la tele –LCD de alta definición- y está triste. Hoy no luce ese verde
“terreno de juego”. La mayoría de cadenas repiten partidos históricos de mundiales
en blanco y negro. Multiplicamos los cafés, los paseos por los gélidos pasillos del
Centro Internacional de Prensa, pero no hay manera, el fútbol sigue rondando
nuestras cabezas.
 
Al final de un día en el que hemos evitado la tentación, caemos… Encendemos la play
y le damos a un FIFA algo anticuado. Juego con España y en mi equipo aparecen
Hierro, Luis Enrique, Valerón, Raúl… Pierdo, claro. Nos hemos renovado
generacionalmente y el sábado no volveremos a caer en cuartos… El fútbol no es la
play, ni viceversa, pero hay días en los que una buena partida entre amigos, te
salva del mayor de los aburrimientos.